Tres mujeres y un destino

            Como estamos comprobando en la realización de este blog, las mujeres del Renacimiento italiano tenían un claro destino que perseguir en el siglo XVI. El Humanismo, como sabemos, movimiento coetáneo al Renacimiento, pese a situar al ser humano en el centro del universo, en muchos casos, olvidó a la mitad de la humanidad. Sin embargo, las mujeres aristócratas, por supuesto, las únicas que tenían medios para intervenir de forma pública en la sociedad, eligieron diversos caminos para hacerlo, como el apoyo a distintas órdenes religiosas y el patrocinio arquitectónico.

            En este caso no solo vamos a hablar de Vittoria Colonna, sino también de otras dos excepcionales mujeres de la época, Caterina Cibo y Giovanna d’Aragona, esta última cuñada de Vittoria. Durante el Cinquecento italiano, las aristócratas se centraron en desarrollar un discurso público orientado, por una parte, a los cambios que se estaban produciendo en la Iglesia con la Reforma protestante y la posterior Contrarreforma y, por otra, a la familia. Esta línea de actuación ha sido denominada en la historiografía como “una respuesta de género de las matronas romanas”. En este caso, nos vamos a centrar en sus acciones en el ámbito eclesiástico, donde tiene una gran relevancia el nacimiento de la orden de los Capuchinos.

            Los Capuchinos se escinden de la orden de los Franciscanos en 1525 y crean un nuevo relato sobre la pobreza. Este llamará la atención de muchas de las familias más ricas de Italia y, especialmente, de las nobles romanas que ven en la construcción de iglesias para esta orden la posibilidad no solo de crear un nuevo discurso sobre la pobreza, como perseguían los hermanos capuchinos, sino de hallar una postura pública fuera del ámbito familiar.

Antes de la reforma impulsada por Gregorio XIII, que obligó a los Capuchinos a salir de la extrema pobreza en la que habían decidido vivir, estos pudieron desarrollar su mensaje en la primera mitad del siglo XVI gracias al apoyo de mujeres como nuestras protagonistas. Caterina Cibo, duquesa de Camerino, apoyó a los Capuchinos desde su creación como orden independiente y en 1529 unió a su causa a Colonna, más tarde sería esta quién atrajo a su cuñada, Giovanna d’Aragona.

Vittoria Colonna encontró un hogar para los Capuchinos en la Piazza del Popolo en 1529 y en 1536, con la ayuda de su cuñada, consiguió que estos se asentaran en la iglesia medieval San Nicola de’ Portiis, perteneciente al Palacio Colonna, donde permanecerían durante cuarenta años. Además, otro convento fue planeado construir en el mismo año según lo demuestra una carta de Colonna datada el 5 de noviembre de 1536 a Jacopo Herculano. Tanto fue el apoyo de Colonna a los Capuchinos que estos la denominaron como “un altra madre, da tenero, e materno affeto”.

Estas tres mujeres decidieron apoyar a los Capuchinos gracias a los nuevos planteamientos ofrecidos por Bernardino Ochino, uno de los predicadores capuchinos más elocuentes del momento. Este planteaba que la salvación del ser humano solo procede del sacrificio de Cristo en la cruz, dado como un regalo por Dios y que, de ninguna forma, es ganada por el trabajo o sacrificio humano. Esta postura le condujo a ser perseguido por el papa Paulo III del que logró escapar gracias a la ayuda de Vittoria y Giovanna.

En definitiva, vemos cómo las mujeres del Renacimiento unían sus esfuerzos para apoyar aquellas causas en las que creían fervientemente y en ellas, encontraban la forma de hablar públicamente sin alzar la voz.

Bibliografía

Valone, C (2001): Architecture as a public voice for women in sixteenth - century Rome, Renaissance Studies, 15, 3, 301 - 327.


Comentarios

Entradas populares de este blog

¿Quién fue Vittoria Colonna?

VITTORIA y MIGUEL ÁNGEL

Dos sonetos por la paz